Se cree que el coeficiente intelectual es la base del éxito en la vida, entre mayor sea nuestro CI mayor será nuestro desempeño escolar, laboral y la probabilidad de alcanzar metas y desarrollar exitosamente proyectos, sin embargo, el CI no debe tomarse como único factor del cual dependerá el destino de las personas, ya que se han realizado numerosas pruebas y estudios que demuestran la existencia de un factor de mayor peso e importancia a desarrollar, la Inteligencia Emocional, que es un conjunto de rasgos que algunos conocen como carácter y determina lo bien que podemos utilizar cualquier talento (intelecto).
El CI ha pasado de lado puesto que anteriormente había una fuerte creencia, que las personas inteligentes, con elevados éxitos escolares, notas excelentes y un CI elevado serían más propensas a alcanzar en la edad adulta un nivel alto de éxito, sin embargo la realidad fue otra, debido a que la inteligencia académica no ofrece prácticamente ninguna preparación para los trastornos o las oportunidades de la vida, desmintiendo así la creencia de que un CI elevado es una garantía de prosperidad, prestigio y felicidad.
Una persona que día a día libra batallas internas, propensa a la ansiedad y vacila en la toma de decisiones no explota sus talentos y sus capacidades para concentrarse en su trabajo y pensar con claridad se ven afectadas, mientras que una persona que conoce sus propias emociones y sabe cómo manejarlas será más productiva y eficaz en cualquier tarea que emprenda.
Desarrollar desde temprana edad la inteligencia emocional y no centrarse únicamente en los conocimientos escolares básicos como la lectura, escritura y aritmética, ayudará a reconocer aptitudes y dones naturales para después cultivarlos, de esa manera el alumno se sentirá satisfecho y capaz.
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